El 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer conmemora la lucha de todas las mujeres por alcanzar la plena igualdad con el hombre a todos los niveles. Una igualdad que existe en la teoría pero que en la práctica está muy lejos de conseguirse.

El machismo y la discriminación impregnan nuestra supuesta «sociedad avanzada» y golpean muy fuerte a las mujeres en los lugares más desfavorecidos.

Existe una violencia específica contra la mujer por el simple hecho de ser mujer y los datos de muertes son aterradores.

Nuestras sociedades patriarcales han crecido y se han desarrollado a espaldas de las mujeres y a costa de que estas sacrifiquen sus sueños y ambiciones.

Dia a día las mujeres aún nos enfrentamos a la tesitura de tener que elegir entre la maternidad y nuestra carrera profesional porque más allá de que existan las guarderías, sabemos que la maternidad supondrá una carga extra de trabajo que recaerá en un gran porcentaje sobre nuestras espaldas o las de nuestras propias madres que ya criaron a sus hijos y están en su derecho de disfrutar su jubilación.

Una mujer que cuida jamás se jubila, no tiene horarios, no tiene vacaciones, no tiene sueldo, no tiene reconocimiento y, sin embargo, esos cuidados son imprescindibles para el sostenimiento de nuestra sociedad y por lo tanto deberíamos plantearnos al menos el que fueran remunerados y con derecho a jubilación.

¿De qué nos sirve que seamos un porcentaje mayor en muchas universidades si después eso no se traduce en la llegada a puestos de responsabilidad?

Tal vez sea que las cargas de la casa y los hijos nos frenan.  Eso se llama «suelo pegajoso» y el nombre es muy gráfico de la realidad porque de hecho es así, un suelo pegajoso que no nos deja avanzar.

Las que consiguen avanzar a pesar del «suelo pegajoso» están abocadas a encontrarse con el «techo de cristal”.  Las causas del techo de cristal están relacionadas, entre otras cosas, con la idea subyacente de que las mujeres se comprometen menos con la empresa debido a las cargas familiares. La posibilidad de un embarazo o el hecho de que tengan hijos suele conducir a que no consigan promocionar y además quien decide su promoción suele ser un hombre.

Así pues, la vida de las mujeres se convierte en una carrera de obstáculos añadidos. Es como si naciéramos con un peso extra.

Urge ya, compartir las cargas de la vida al cincuenta por ciento entre hombres y mujeres y desterrar de una vez los estereotipos machistas que hacen que niños y niñas instalen en su subconsciente roles de desigualdad.

Si algo nos ha enseñado la pandemia de la Covid-19 es que estamos a la cola en cuanto a igualdad y oportunidades, pero a la cabeza en cuanto a riesgos. Nuestra exposición al virus ha sido mayor. Enfermeras, limpiadoras, cajeras de supermercados, cuidadoras en residencias de ancianos son trabajos imprescindibles y feminizados.

Avanzamos más despacio de lo que nos gustaría, pero avanzamos y jamás renunciaremos a lo que nos pertenece. El mundo es de las mujeres al 50% y no será un mundo mejor hasta que no lo logremos.

Ana Cucarella, Portavoz Municipal de Podemos Náquera.

 

 

Estas son las mujeres representadas de arriba abajo e izquierda a derecha:

-Feredica Montseny, Hellen Keller, Mary Anderson, Clara Campoamor

-Amelia Earhart, Ibolya Csak, Kate Sheppard, Mary Jackson, Concepcion Arenal

-Antonia Brico, Margaret Keane, Indira Gandhi, Milena Maric, Harriet Tubman

-Barbara McClintock, Nancy Astor, Miriam Stimon, Maria Zambrano

-Raicho Hiratsuka, Margot Moles, Naomi Parker, Elena Maseras, Millicent Garvett Fawcett

-Maria Teresa Goyri, Maria Altman, Doris Lessing, Florence Norman, Rosalia de Castro

-Dolores Ibarruri, Maria Pita, Frances Glessner Lee, Frances Willard, Mary Wollstonecraft, 
Wu Zetian, Rosalind Franklin, Valentina Tereshkova, Grace Hooper, Simone de Beauvoir y Betty Friedan.